Amigos y enemigos

Viernes 19 de Mar de 2010
Por Alfredo Leuco

Para mis amigos todo y para mis enemigos… Guillermo Moreno. Es la nueva táctica de Néstor Kirchner. Aparece obligado a ser más flexible hacia adentro pero incrementa su autoritarismo hacia afuera. Es la manera de evitar traiciones en su propia tropa y de seguir conservando con firmeza el timón del poder en Argentina. Pero tampoco conviene exagerar. Se sabe que Néstor no es precisamente un coleccionista de amigos. Tampoco se destaca por su desprendimiento a la hora de reconocer lealtades. Con más rigurosidad se puede decir que cambió su conducta hacia sus compañeros de ruta. Se muestra mucho mas accesible desde que la oposición le hizo sentir que estaba agregando aislamiento a la debilidad que evidenció electoralmente el 28 de junio pasado. Acorralados por los cuestionamientos de su propia gente, los Kirchner no tuvieron otro remedio que ablandar su corazón. Es algo coyuntural. Se visten para la ocasión. No hay posibilidades de construir un kirchnerismo manso porque son dos conceptos contradictorios entre sí. El kirchnerismo será furioso o no será nada. La venganza vive eterna en el corazón de sus líderes. Por eso, donde se muestran tal cual son es en su relación conflictiva y agresiva poco menos que con el resto del mundo. En sus últimas apariciones, Cristina tuvo a su lado a Guillermo Moreno como si fuera su edecán. Uno de los tres argentinos mas desprestigiados en todas las encuestas aparecía en el primer plano, casi como un perro de presa, lejos de la imagen de Lassie que le quiso edificar Néstor Kirchner. Moreno fue el medio y el mensaje. Un símbolo de lo que los Kirchner tienen reservado para los díscolos y levantiscos. Solo le faltó levantar el Oscar junto a Campanella y Ricardo Darín pero todavía no se llevó al cine “El secreto de sus números”. En cada discurso tanto Néstor como Cristina ensayan un nuevo adjetivo descalificativo para los que se fugaron en helicóptero, los que nos llevaron al default, los destituyentes neoliberales nostálgicos de los ’90. Su táctica en el Congreso es congelar hasta que aclare. Cercenar una de las tres patas en las que se asienta el sistema representativo, republicano y federal. Hay dos dirigentes que vienen sufriendo con más ferocidad las acciones psicológicas gubernamentales para demolerlos: Julio Cobos y Luis Juez. En ausencia (llamativa) de la voz de Aníbal Fernández regresó Florencio Randazzo y Miguel Pichetto para pintar al vicepresidente como un traidor sin personalidad que se deja manejar por un radicalismo que lo empuja a no respetar la Constitución y a conspirar contra la presidenta. Hebe Bonafini expresó en forma descarnada lo que piensan en Olivos: “ Que los saquen a ese re hijo de mil p…. que armó un gobierno paralelo”. Ya se dijo en otros momentos de la historia: para los enemigos ni justicia.

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