Sin el dedo en el gatillo
El matrimonio presidencial metió a la Argentina en un proceso de conmoción interna y de conflicto de poderes. El agravio se transformó en moneda corriente. Las turbulencias que se generaron presagian días cargados de tensión y la instalación de una vetocracia que lesiona seriamente a las instituciones.
Es un síntoma de desmesura y desesperación. Manotazos políticos después de los manotazos financieros. Es que Néstor Kirchner tiene cada vez mas éxito en la construcción del fracaso y en la destrucción de su propio proyecto.
Es un caso raro. Nadie motorizó tantas iniciativas en contra de sí mismo y nadie dañó tanto la investidura presidencial de su esposa.
La gran pregunta que hace correr frío por la espalda de la sociedad es si finalmente completará su obra tirando del mantel. Ya intentó patear el tablero arrojándole el gobierno a Cobos por la cabeza amenazando con la renuncia de la presidenta. Muchas veces ha confesado en la intimidad que si no lo dejan gobernar como él quiere, prefiere envolverse en la bandera del heroísmo revolucionario y denunciar un golpe corporativo, oligárquico y mediático. Ese terreno ya se está preparando. Todas las semanas la presidenta anuncia conspiraciones e intentos golpistas. De Cobos, de los medios, del radicalismo.
El concepto de “destituyente” ya lo instalaron definitivamente. Esta semana, la diputada Elisa Carrió habló por primera vez de “alteración del orden institucional” para caracterizar el comportamiento de dos presidentas, la de la Nación y la del Banco Central después de la puñalada por la espalda al Congreso. También calificó a Cristina como “presidente de facto”. Hebe de Bonafini se movilizó contra los “fachos que quieren entrar con las botas porque no pueden entrar con los votos y que son los mismos que asesinaron a nuestros hijos”.
Actitud destituyente, alteración del orden institucional, mandatarios de facto y fachos con botas son conceptos extremos y peligrosos de los cuales deberíamos alejarnos para resucitar la confianza mutua entre oficialismo y oposición que parece haber muerto esta semana. El escenario muestra una pelea descarnada que responde a un cachetazo con otro. Nadie pone la otra mejilla.
Se ha producido una suerte de empate paralizador en el país de la superestructura. De choque de debilidades. Hay una manera autoritaria del gobierno que no termina de morir y una propuesta republicana de la oposición que no termina de nacer. Una oposición dura que quiere cobrar las facturas de antiguas humillaciones y un gobierno que hace oposición de los opositores.
Todo eso produce una angustia inquietante en gran parte de los argentinos. Solamente se siente el ruido de las agresiones mutuas. Walt Whitman avisó que el mejor gobernante es el que mas tiempo de paz social consigue para su pueblo. Hay que quitarle pólvora a las palabras. Sacar el dedo del gatillo. Ya se sabe quien descarga las armas que carga el diablo.
Alfredo Leuco es periodista. Actualmente es columnista de Radio Continental con Fernando Bravo. Conduce Le doy mi palabra por el Canal 26.