Lo bueno, lo malo y lo feo
El discurso de Cristina dejará mucho tema para el debate. Pero para empezar a analizarlo, tal vez ayude dividirlo en tres grandes conceptos: lo bueno, lo malo y lo feo.
Lo bueno: la ausencia de agresiones y descalificaciones. Debería ser lo habitual en una presidenta. Pero ya sabemos que el matrimonio Kirchner se caracteriza por su ataque permanente a diversos actores sociales y políticos. Esta vez la presidenta fue mucho mas criteriosa y respetuosa y trató en todo momento de convocar a los partidos políticos a sumarse a su cruzada contra las corporaciones económicas y mediáticas. “Dejamos de ser gerentes y ese el principal logro” del proyecto que se inició con Néstor Kirchner. Esa fue una de sus conclusiones. En dos oportunidades hubo un intento de silbidos contra los opositores y ella misma los frenó con firmeza: basta, hay que escuchar a todos, dijo. Y en otro momento criticó los errores de la Alianza como el impuestazo que enfrió la economía o el intento de recortar presupuesto educativo pero dijo que habían ganado las elecciones en buena ley y había que valorar eso. La presidenta reinvindicó la reforma electoral de internas abiertas, simultáneas y obligatorias con la idea de que era una forma de que la sociedad entrara y participara en las estructuras partidarias. Además dijo que ellos no odian a las Fuerzas Armadas y que no intentan desprestigiarlas. Que los que lo hicieron fueron los que las redujeron a un grupo de simples encapuchados. Y que ella pertenece a un partido fundado por un general. Dijo que luego de la verdad, la justicia y condena, ella espera poder dar vuelta definitivamente la página más dolorosa de nuestra historia.
Lo malo: es esa obsesión en creer que la gente es tonta y se deja manipular por los medios de comunicación. Esa actitud paternalista ya era vieja en los años 70. El periodismo no formatea la cabeza y las acciones de los ciudadanos. Eso es sobreestimar la capacidad de los medios y subestimar la capacidad del pueblo. En un momento Cristina, dijo que en este país “nadie cree en lo que ve y si creen en lo que le cuentan y por eso actuamos en efecto manada”. Gran error. No es cierto. Si fuera así estaríamos perdidos como país. ¿No será que la gente cree en lo que le pasa todos los días. ¿Que duda del que le miente? ¿Que es al revés de lo que ella dice y todas las personas quieren ver para creer? La gente no cree que hay inseguridad por lo que dicen los medios. Lo sufre cotidianamente. Los argentinos no creen que hay inflación porque sale en los diarios, las radios y la tele. Y esto nos lleva a lo feo del discurso: ni siquiera nombró la palabra inflación. Es un tabú. Es la palabra prohibida que ningún empresario se animó a pronunciar el otro día en el almuerzo con Cristina. Este es tal vez el peor error de los Kirchner. Romper el termómetro del INDEC les quitó credibilidad y por eso muchas veces los ciudadanos desconfían hasta de las buenas intenciones del poder político. Entre los más pobres esa inflación es feroz y demoledora. Igual que la inseguridad. Esos argentinos pobres no son tontos ni se dejan engañar por los periodistas. Saben de lo que hablan porque lo sienten todos los días. Lo padecen en carne propia. Los medios pueden acelerar o retrasar cosas que existen. Actúan como catalizadores. Pero si los medios mintieran todo el tiempo perderían su credibilidad que es su principal capital. Esa credibilidad que a Cristina le cuesta tanto recuperar. Porque tal vez sea ella la que no cree en lo que ve y cree en lo que le cuentan los adulones.
Alfredo Leuco es periodista. Actualmente es columnista de Radio Continental con Fernando Bravo. Conduce Le doy mi palabra por el Canal 26.