Tomás Eloy y Ezequiel
Todos los periodistas argentinos le debemos mucho a Tomás Eloy Martínez. Somos los salieris de Tomás. Me sentí muy representado por Martín Caparrós que en el video de homenaje dijo que sus primeras crónicas tuvieron como referente el libro “Lugar común la muerte”. Ese texto es un ejemplo emblemático de nuevo periodismo argentino. Escrito con precisión de cirujano en la información y con belleza de poeta en el relato. Si me obligaran a recomendarles un solo libro a los estudiantes de periodismo yo elegiría “Lugar común la muerte”. Y hablando de ese lugar, hay que decir con dolor que Tomás Eloy está dando una durísima batalla contra un maldito cáncer. Está muy débil. Camina lento. Y tal vez por eso anoche no fue a recibir el premio a la trayectoria que le tenían reservado en la entrega del Premio Clarín de Novela. Tomás es el mas grande periodista argentino vivo y uno de los escritores mas potentes y extraordinarios que dio esta tierra. Magdalena Ruiz Guiñazú le agradeció en la pantalla gigante por Purgatorio, su último texto, el Menchi Sábat destacó su coherencia y talento y Jorge Fernández Díaz dijo que “La novela de Perón “ y “Santa Evita” conforman lamedor historia mítica del peronismo jamás escrita. Tomás entrevistó por primera vez a Perón en 1966. Confesó que afrontó esa charla “con el desasosiego y el entusiasmo de quien advierte por primera vez que el secreto viento de la historia está pasando ante sus ojos”. Tomás Eloy fue el que le dio el primer empujón a la gloriosa literatura de Gabriel García Márquez. El propio Gabo, su amigo de siempre, lo ha reconocido muchas veces. De periodista a periodista dice que Tomás Eloy tuvo el coraje y la visión de ponerlo en la tapa de Primera Plana y elogiar a Cien Años de Soledad pese a que nadie lo conocía. Cuando García Márquez ganó el Premio Nobel dijo que ese dinero lo iba a invertir para sacar un nuevo tipo de diario latinoamericano que se iba a llamar “El Otro”. Y llamó a Tomas Eloy para que lo dirigiera. Tomás es todo esto que le cuento y mucho mas que un orgullo ético de la creatividad para ejercer el oficio de las letras. Además Tomás es padre. Ezequiel Martínez es el hijo que subió a recibir la distinción. Ezequiel, editor jefe de Ñ, me conmovió hasta las lágrimas con su discurso que me permito repetir en algún párrafo. Ezequiel dijo anoche que su padre “cuando agradeció el premio Ortega y Gasset que le dieron en España dijo: aunque a la palabra se le impongan cerrojos y diques, se seguirá abriendo paso como el agua, fortalecida por la adversidad. Esa palabra, adversidad, no es casual. A él le tocaron casi todas: la injusta adversidad del exilio, la de la pérdida de un ser amado, la de la enfermedad. Quisiera terminar con una confesión: cuando era chico, jugaba a ser como él. Lo acompañaba a las redacciones a donde trabajaba y lo veía tipear con devoción las teclas de su máquina de escribir. Me gustaba imitarlo cuando revisaba las pruebas de imprenta o cuando se concentraba buscando datos en algún archivo de hojas amarillentas. A veces, si le prometía silencio y compostura me permitía escoltarlo en sus entrevistas que luego transformaba en piezas periodísticas que parecían cuentos de ficción. Narraba la realidad con las herramientas de la imaginación. Y yo sabía que de grande quería hacer eso. Yo quería, como quieren todos los chicos, ser como mi papá”. Los dos Martínez periodistas están en momentos distintos e igualmente conmovedores: Tomás Eloy, el padre, luchando contra ese lugar común, la muerte. Y Ezequiel, el hijo, detrás de la utopía como motor de su vida.
Alfredo Leuco es periodista. Actualmente es columnista de Radio Continental con Fernando Bravo. Conduce Le doy mi palabra por el Canal 26.