Yo tengo un sueño
I have a dream. El histórico discurso de Martin Luther King nos puede servir como utopía. Nos puede ayudar a repetir como una plegaria laica que todos tenemos un sueño. Es un sueño de absoluta justicia. Integrador. Yo sueño con que no haya un solo chico pobre en nuestra bendita Argentina y que se termine hasta el mínimo gesto de violencia. ¿Será mucho pedir? ¿Es imposible? No creo. Me imagino una reunión cumbre refundadora del país. Un lugar de encuentro entre el gobierno y la oposición política al que también se sumen los gremios, los empresarios, los representantes de todos los credos. Ese sería el lugar del pacto y del parto para parir una nueva Argentina que se proponga esos dos objetivos como política de estado. Ningún chico pobre y nada de violencia. Son os dos pilares donde se edificará la nueva convivencia, la nación de todos. Con esos cimientos de fortaleza por la unidad y la representatividad se podría votar por consenso la asignación universal para la niñez y obligarse a condenar toda actitud agresiva y patotera. ¿Se imagina a este país sin crispación? ¿ Se da cuenta de lo que puede florecer sin pobreza entre los 7 millones de chicos que la padecen? Sería el comienzo del combate definitivo contra el hambre, el paco y el delito. Terminaría de una vez y para siempre la humillación del clientelismo. Esa miserable actitud de tomar a los pobres como rehenes o como fuerza de choque. Sería la mejor manera de sembrar esperanzas de igualdad de oportunidades. Sería un acto de cohesión social que de inmediato nos pondría en otro lugar de la historia. Dejaríamos atrás tanto odio y enfrentamiento. Nos sentiríamos orgullosos de lo que somos y del producto social que pudimos construir. Ahora es cuando. Yo creo que se puede. El dinero está. Hay varias propuestas que coinciden en como implementar el plan. Y de donde sacar los recursos. No hay tarea más importante que esta. Construir ciudadanía. Atacar los problemas más urgentes, suturar las heridas sociales y mientras tanto seguir generando trabajo genuino que es lo único que dignifica para siempre. ¿Quién se opondría a semejante epopeya? Sería la mejor manera de cerrar la brecha social y las venas abiertas de Argentina. En 1963, Martin Luther King dijo que “el sufrimiento que no es merecido es emancipador”. Y aquella gloriosa marcha y aquél inolvidable discurso se convirtieron en una visagra histórica. Ya nada sería igual para los negros. Dejarían de estar arrodillados para ponerse de pié y caminar hasta la presidencia de los Estados Unidos que se concretó con Barack Obama. ¿Quién hubiera imaginado que aquel sueño se haría realidad? ¿Por qué los argentinos no podemos luchar para que nuestro sueño también se convierta en realidad? Un país sin chicos pobres y sin violencia es el país que soñamos. Para que nadie sea esclavo ni exiliado en su propia tierra.
Alfredo Leuco es periodista. Actualmente es columnista de Radio Continental con Fernando Bravo. Conduce Le doy mi palabra por el Canal 26.