Ecos solidarios

Jueves 08 de Oct de 2009
Por Alfredo Leuco

Ayer María Victoria le contó a Fernando de que manera estaba afrontando la muerte de su mejor amigo. De su hermano de la vida. Y todos nos conmovimos. Yo fui a buscar lo que escribí en su momento. Porque hoy se cumplen exactamente tres años de la tragedia del colegio Ecos. Hoy se cumplen tres años de aquel maldito día en que murieron 9 alumnos y una maestra. No hay dolor más grande para los padres. Siempre se dice que es tan terrible el desgarro que ni siquiera existe una palabra para nombrarlo. Los chicos que pierden a sus padres son huérfanos. Pero los padres que pierden a sus hijos ¿Qué son? Fantasmas a los que les robaron para siempre la capacidad de ser felices. Corajudos seres humanos con un agujero negro en el corazón. Miradas que ya no tendrán chispas de alegría en los ojos. ¿Cómo se puede nombrar esas heridas en carne viva sin caer en los alaridos? ¿Cómo se puede seguir viviendo? No hay una única respuesta. Pero la respuesta que encontraron los padres de los chicos del colegio Ecos fue seguir el ejemplo de sus hijos y sembrar solidaridad para cosechar una sociedad mas justa. En eso creían sus hijos y en eso creen sus padres. En transformar la tragedia en solidaridad. Sus hijos habían ido a una escuelita muy humilde del Chaco para transformar la tragedia de la pobreza y la marginalidad en solidaridad que pone en movimiento los mejores valores de los seres humanos. Sus padres siguen el camino que los hijos le marcaron. Estos también son padres paridos por sus hijos. Por Federico, Benjamín, Daniela, las dos Julietas, Delfina, Justine, Nicolás y Lucas. En homenaje a ellos, el 8 de octubre fue instaurado en el calendario escolar como “El día del Estudiante Solidario”.En homenaje a ellos el flaco Spinetta y León Gieco compusieron un tema llamado 8 de octubre que dice:” Abrazo y corazón/mi grito es el de tu voz/viento y libertad/mi huella es la de tu andar/ fuego y fragilidad/ lágrimas de tu humedad/luna y bendición/ mi brillo es el de tu sol. Hace tres años que esos chicos perdieron sus vidas en la ruta, atrapados entre el micro que los transportaba y el camión sin habilitación que los chocó de frente y que era conducido por una persona que estaba borracha. Su viaje podría haber sido pura celebración, baile nocturno y paseo turístico. Y no hubiera estado mal. Todos tienen derecho a divertirse. Pero ellos eligieron el camino de crecer como seres humanos dándole una mano a sus semejantes. Ayudando para ayudarse. Haciendo el bien sin mirar a quien. Ofreciendo su corazón. Para decirnos que no todo está perdido. Los padres quieren que toda esa energía solidaria se siga canalizando porque es la mejor forma de reencontrarse con sus hijos. Multiplicar la solidaridad. Transformar la tragedia en luz.. Hace poco, Cristina, que es la madre coraje de Delfina me enseñó algo muy profundo. Me dijo que los padres también pueden heredar a sus hijos y aprender de ellos. Y es lo que ella siente después de la muerte de su hija menor. Delfina tenía 16 años y ya era muy conocida y premiada por sus poemas. Estaba a punto de publicar su primer libro. Cristina lo publicó y le puso como título el de su último poema. Es estremecedor y premonitorio: Tiempo efímero. Tal vez en esas dos palabras, tiempo efímero, esté la explicación de todas nuestras angustias y de todos nuestros abismos. Tal vez el aire fresco de ese poema le permita seguir respirando a Delfina y a todos sus compañeros. Aunque la muerte nos separe.

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